Mientras millones de cubanos pasaban horas —y en algunos casos días— sin electricidad, un grupo de activistas internacionales de izquierda aterrizaba en La Habana con una agenda política… y alojamiento de cinco estrellas.
La escena no pudo ser más contrastante: calles a oscuras, hospitales funcionando con generadores y familias luchando por conservar alimentos, mientras delegaciones extranjeras documentaban su viaje desde hoteles con aire acondicionado, luz constante y servicios de lujo.
Turismo político en medio del apagón
El grupo, vinculado a la organización CodePink, llegó a Cuba como parte de una iniciativa para protestar las sanciones impuestas por la administración del presidente Donald Trump.
Entre los participantes destacaron la activista Isra Hirsi y el streamer político Hasan Piker, quienes compartieron contenido en redes sociales durante su estancia.
Sin embargo, la polémica explotó cuando se supo que varios miembros del grupo se hospedaban en hoteles de lujo en La Habana, incluyendo el exclusivo Gran Hotel Bristol Meliá Collection, mientras la isla enfrentaba uno de los peores colapsos energéticos en años.
Apagones históricos sacuden la isla
Cuba atraviesa una crisis energética profunda. En las últimas semanas, el país ha sufrido apagones nacionales que han dejado a más de 10 millones de personas sin electricidad.
El sistema eléctrico, ya debilitado por infraestructura obsoleta y escasez de combustible, colapsó nuevamente en marzo, obligando a hospitales a posponer cirugías y a la población a soportar cortes de hasta 20 horas diarias.
Las autoridades cubanas atribuyen la crisis principalmente a las sanciones estadounidenses y a la reducción de suministros de petróleo, mientras críticos señalan fallas estructurales del modelo estatal.
“Solidaridad” bajo críticas
Los organizadores del viaje defendieron la visita asegurando que entregaron ayuda humanitaria y denunciaron el embargo estadounidense. No obstante, las imágenes de activistas disfrutando de comodidades en medio de la crisis provocaron una ola de críticas.
Analistas y miembros del exilio cubano calificaron la visita como un “espectáculo político” desconectado de la realidad cotidiana de los ciudadanos en la isla.
El propio Hasan Piker argumentó que las leyes estadounidenses obligan a los visitantes a alojarse en hoteles específicos, aunque esta afirmación fue cuestionada en redes sociales.
Tensión política en aumento
El viaje ocurre en un momento de alta tensión entre Washington y La Habana. El secretario de Estado Marco Rubio ha señalado recientemente que Cuba necesita un cambio de liderazgo, mientras funcionarios estadounidenses insisten en que no existe un plan de intervención militar directa.
Al mismo tiempo, el gobierno cubano enfrenta creciente presión interna por la escasez, los apagones y el descontento social.
La visita de activistas de izquierda a Cuba pretendía ser una muestra de solidaridad internacional. Sin embargo, el contraste entre el discurso político y el confort en hoteles de lujo, en medio de un país sumido en apagones, ha alimentado una narrativa de desconexión —y para muchos, de hipocresía.